Miércoles, 23 September 2020 20:47

La agroecología y sus criterios

Escrito por  María Bueno y Enrique Bardají
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“Por la libertad se puede y debe aventurar la vida”

 Don Quijote de la Mancha

 

 1.-LA AGROECOLOGÍA ES SOCIAL[1] Y MORAL[2].

La agroecología es algo integral y alberga valores medioambientales tanto como sociales y morales. Esto lo diferencia de la agricultura ecológica de sello, que no suele salirse de lo estrictamente medioambiental y acostumbra a guiarse, cada vez más, por las ansias de riqueza al ser absorbida por los grandes monopolios o transformarse en uno de ellos. La agroecología, en cambio, tiene un enfoque integral y múltiple anclado en lo local y comarcal.

Para nosotros un criterio esencial que debe seguir lo agroecológico es el combate por la libertad. La soberanía alimentaria que busca la agroecología no puede existir si no hay soberanía política. Esto es una obviedad pero a pesar de ello, la mayor parte de las propuestas van en la dirección de ignorar la cuestión de la soberanía política y entregarle más responsabilidad y poder a los organismos del Estado, lo que significa menos soberanía política. Podemos afirmar, por lo tanto, que las propuestas que buscan la soberanía alimentaria a través del reforzamiento del poder del Estado son nefastas.

La estatalización es consustancial al propósito permanente de institucionalizar la autoorganización popular y en consecuencia a su destrucción. El Estado aspira, si así lo estima útil para su legitimidad, a integrar a la agroecología en su seno. Además tiene a todo un sector del izquierdismo jaleándole para que lo haga. Esto no ayuda a la agroecología en nada, sólo supone una imposición destructora de obstáculos. La estatalización desarticula, descoyunta, desvitaliza la agroecología, cuando no la instrumentaliza. La perniciosa voluntad de poder es inherente al Estado; de modo que éste es incompatible con la soberanía política. Por consiguiente, podemos asegurar que las ansias de poder del Leviatán son antitéticas con la soberanía alimentaria. Es absurdo, incongruente, ilógico, incomprensible y disparatado buscar más Estado o un Estado fuerte a la vez que se lucha por el florecimiento de la agroecología. Las tesis del izquierdismo que idolatran al Estado son, hoy por hoy, incompatibles con el crecimiento cualitativo y cuantitativo de la agroecología.

Se demuestra una muy poca imaginación proponiendo como solución a los problemas del campo más dinero, más leyes, más normas, más regulaciones, más Estado, más funcionarios, más impuestos, más dependencia y, al fin y al cabo, más sumisión y esclavitud. Dinero, dinero y más dinero, ese es el mantra repetido para acabar con los problemas del campo, cuando es público y notorio el potentísimo efecto corruptor del dinero. La libertad ni se menciona, ni se les ocurre siquiera a los que reflexionan sobre estos temas. La democracia, la autonomía o la regeneración comunitaria ni la contemplan ni la valoran.

Queremos dejar claro que aquí no hablamos del concepto de libertad del liberalismo centrado exclusivamente en la libertad negativa para enriquecerse, explotar a otro, contaminar, destruir, mandar o acumular propiedades sin fin. Tampoco hablamos aquí del concepto de libertad del marxismo que la ve como un lujo burgués o la mira sólo desde el punto de vista fisiológico concibiendo al ser humano como únicamente un estómago con patas.

Aquí entendemos la libertad como autogobierno por asambleas y ausencia de ente estatal; como inexistencia del régimen salarial; como la incompatibilidad entre libertad y concentración de la propiedad y la riqueza; como capacidad para obrar consecuencia de la autoconstrucción de la persona; como la libertad natura y sus límites establecidos por la moral, la convivencia, el amor y la verdad; como la libertad individual; como la libertad de acción y libertad de conciencia; como necesidad primaria del ser humano; como libertad social y esfuerzo por la libertad.[3]

El mayor inconveniente que nos encontramos actualmente para el buen desarrollo de la agroecología es la falta dramática de libertad.

Hoy existen una infinidad de normativas realizadas única y exclusivamente contra lo pequeño, lo casero, lo familiar. No hay libertad económica, no hay libertad de industria. Un intervencionismo institucional creciente, múltiple y cada día más detallista y riguroso ahoga e impide a los microproyectos productivos empezar o levantar cabeza.

A pesar de ello sabemos que con ayuda mutua, con ingenio, con creatividad, con inteligencia, con esfuerzo y resistiendo al dolor podemos implementar procedimientos para combatir esta situación.

Por otro lado, es inequívoco que la agroecología no es la agricultura ecológica industrial de sello. Ésta empezó siendo algo del pueblo pero fue fagocitada por el Estado con la aplicación del Reglamento de la UE de 1991; y con ella todas las actividades sociales antes autónomas.

Toda agricultura industrial de gran escala, como hoy es parte de la ecológica de sello, es monocultivo, erosión, pérdida de soberanía alimentaria, plagas, cáncer, contaminación, capitalismo rampante y esclavitud. Cuando hablamos de industria nos referimos a la gran industria y no a la pequeña industria familiar, cooperativista o artesanal que defendemos como una necesidad y de la que somos parte los que aquí escribimos.

La agroecología tiene como pilar maestro la artesanía o pequeña industria y no debe salirse de la escala humana, lo comarcal, lo local, lo pequeño, lo familiar, lo cooperativo[4].

Otro rasgo que debe dar contenido a la agroecología es su completa emancipación de los costes ocultos, daños colaterales o externalidades terribles que deja la gran industria para el mañana[5].

El asunto de los costes ocultos o daños colaterales es crucial para entender la diferencia entre un modelo de producción y otro.

Si a la agroindustria se la contabilizara los gastos de compensación de los daños que genera resultaría ser absolutamente inviable.[6]

La cacareada productividad y rentabilidad de esta forma de agricultura es una mentira y un suicidio que se apoya en la conquista permanente de tierras que se calculan que en 30 años se agotarán en Australia, Siberia, Brasil, etc.

Pensar que se puede vivir fuera de “la vida”, es una ficción. En cambio, una agricultura/ganadería integrada en el ciclo de la naturaleza, es un reservorio económico para el futuro.

Por otra parte, si los costes ocultos del agronegocio no los pagásemos entre todos a través de, por un lado: nuestra libertad, nuestra salud, la de la tierra, el aire y el agua común; y por otro lado: la explotación fiscal a la que nos somete el Estado; el agronegocio sería completamente inviable.

La agroindustria es una enorme chapuza ultradestructiva y absolutamente despilfarradora que sin el apoyo constante, la intervención y la colaboración directa del Estado se derrumbaría en pocas horas. Poco o nada puede hacer sin las andaderas del Estado. Un anticapitalismo pro-estatal es un engaño; de la misma manera que un capitalismo anti-estatal es una ficción. Sin la artimaña de que sea el Estado el que financie la parte más notable de los costes de producción e inversión, la agroindustria nunca hubiera sido capaz de haber sustituido al sistema artesanal, ni a la economía casera, comunal y comarcal de nuestra (¿extinta?) ruralidad; pues ésta última es (era) más eficaz si se parte de un cálculo económico integral.

Otra mentira gorda, gorda, gorda es que la agroindustria desplazó “libremente en el mercado”[7] a las formas anteriores de elaboración de bienes.[8] Todo esto es fácilmente observable si se atiende al historial de leyes, normas, prohibiciones y requerimientos emitidos por el Estado que han ido limitando e impidiendo de facto la producción artesanal hasta asfixiarla[9].

Como ya hemos dicho, la supuesta productividad industrial es un engaño. Lo que no es sostenible ni viable a largo plazo no puede ser productivo más que a corto plazo. La maquinización y la tecnologización, a partir de un límite, no eleva la eficacia y los rendimientos sino que dispara los costes de mantenimiento e inversión, que no dejan de ser costes de producción.

La producción de la gran industria monopolista provoca perdida de calidad de los productos, además de que los banaliza y uniformiza. Esta producción es muy vulnerable frente a las crisis, siendo incapaz de adaptarse a las circunstancias particulares o autóctonas del lugar.

El Estado promueve la producción de la gran industria por cuatro motivos:

1/  Para abastecer a una sociedad concentrada y urbana, moderna e improductiva y muy especializada.

2/ Por la fiscalización del negocio. El capitalismo es una flor de invernadero del Estado. Cuanto más grande y poderosa es esta flor más grande y poderoso es el Estado. El Estado creó al capitalismo para ser más fuerte y poderoso. El capitalismo es servidor del Estado pero el Estado no es servidor de nadie.

3/ Para cubrir las necesidades de los ejércitos. Necesidades de abastecimiento rápido y masivo; necesidad de abaratamiento de costes, por ejemplo, al promover el consumo civil de ciertos materiales, productos o tecnologías; para impulsar la investigación; así como de infraestructuras que se quedan creadas para reorientar la producción en caso de una situación bélica.[10]

4/ Para bajar la calidad media del sujeto y así poder tener cierta gobernabilidad. Se necesita que la gran industria expulse y destruya a la pequeña; porque la pequeña hace aumentar la calidad de la persona y esto es peligrosísimo para el sistema establecido. El Estado busca sujetos dóciles y sumisos; y todas sus políticas van encaminadas a este objetivo.

En la “modernización” de los sistemas agrarios, además de volverlos mas complejos y maquinizados, requieren de:

-Cantidades ingentes de funcionarios y técnicos dedicados a la gestión, las subvenciones, las normativas, etc.

-Masas de entidades gestoras y personal dedicado a asesorar, tramitar, rellenar y elaborar las megatoneladas de informes, estudios, permisos, solicitudes, memorias, peticiones y papeleo inmundo que impone el Estado para hacer legal la actividad y que todo vaya sobre ruedas, sus ruedas. Todo esta descomunal demencia recae directamente en el productor.

-Un control desacerbado del sector primario que produce una burocratización/ estatalización del sistema que, sobre todo, hace aumentar la jornada laboral y destruye al pequeño productor artesanal al obstaculizarle o prohibírsele de facto la actividad.

-Entrar en un circuito comercial donde las normas las ponen todos menos el productor, y donde hay que invertir una parte enorme del dinero que se tenga en el salvaje mundo de la distribución y la venta.

Toda esta cadena encarece los productos porque, básicamente, se mantiene a una “casta” innumerable, infinita, inmensa de personas improductivas. Como consecuencia el mundo rural se vuelve cada vez más urbano bajo la dictadura total de ingenieros y técnicos pagados por el Estado. Un lugar donde lo que piensen o digan los vecinos o los pequeños productores cuenta cero.

 

2.-SOBERANÍA Y LIBERTAD

No nos podemos rendir y por lo tanto hemos de pelear por una alternativa a la agroindustria. Para ello tenemos que luchar por conquistar y aumentar la libertad. Esto es impepinable. Se debe dejar claro que es el Estado el principal obstáculo para construir alternativas. El Estado justifica su opresión con argumentos sanitarios, securitarios, medioambientales o conservacionistas. Esto permite a las administraciones engañar a los urbanitas y conseguir su voto, haciéndoles creer que este despotismo sobre el campo se hace por el bien de la humanidad, de los animales y del medio ambiente. Pero lo cierto es que una maraña de leyes se cierne sobre el productor que quiera comenzar y un ejército de funcionarios le impedirán prosperar.

Por ejemplo, la Red Natura 2000 que ocupa aproximadamente un 30% del territorio del estado posee una legislación de excepción que dificulta absolutamente la creación de alternativas productivas a la agroindustria, fomentándola y beneficiándola de por lo tanto. Sí, se ha leído bien, lo volvemos a decir alto y claro: la Red Natura 2000 fomenta y beneficia a la agroindustria, al agrobusiness y todo lo que conlleva.

Además, “la protección” aplasta lugares tradicionalemente antropizados, para nada príscinos[11], como venden en sus campañas publicitarias. Estos lugares, en su gran mayoría, eran tradicionalmente comunales[12]. Hoy son convertidos en tierras de “uso público” gestionados por entidades gubernamentales (al servicio, en última instancia, del Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino). En estos espacios “públicos” ni que decir tiene que los vecinos no tienen ni voz ni voto.

Esta Red, que más que una red es una cadena, termina echando a los campesinos de sus tierras, arrojándolos a las ciudades. Podemos decir que la Red Natura 2000 es un nuevo expolio similar a la desamortización de Madoz. Parques Nacionales, Naturales, Reservas, LICs… estatalizan más aún si cabe el territorio, privatizándolo de facto, pues el Estado es un propietario más, el más despótico de todos. Sólo los mussolinianos de corazón pueden afirmar que el Estado somos todos. Este conservacionismo es etnocida, dictatorial y ecocida.

 

3-.LAS SUBVENCIONES Y LA PAC, UN LOBO CON PIEL DE CORDERO.

Que la agroecología tenga como criterio esencial la lucha por la libertad implica, sí o sí, una oposición frontal a la Política Agraria Comunitaria (la PAC).

La PAC en sus 34 años que lleva activa en el estado español, no ha hecho más que destruir a los pequeños agricultores y al pastoreo extensivo. Su labor ha sido fomentar la agroindustria y el agronegocio, contaminando, desertificando, despoblando y exterminando la cultura agraria.

Los hechos están ahí para el que lo quiera observar en vez de escuchar la propaganda oficialista y gubernamental. La PAC ha sido la estocada definitiva del proyecto etnocida que ha realizado el Estado español sobre los pueblos peninsulares.

La PAC ha disciplinado, monetarizado y esclavizado el campo como nunca antes.

En el mundo rural unos y otros están de ordinario subordinados al Gobierno por fórmulas de subvenciones financieras que han aletargado su iniciativa y aniquilado su independencia a cambio de una vida cómoda y sin ambiciones. El Estado necesita untar un poco a todo el mundo para que todo fluya.

Este arte de gobernar y dominar integrando a la gente a través de las subvenciones,  sinecuras y prebendas es viejo, muy viejo.

En la actualidad el Estado está logrando rotundas victorias políticas, ideológicas y mediáticas con un manejo muy astuto del dinero, que reparte con generosidad para lograr el asentimiento mental, la degradación moral y la docilidad política.

La PAC ha venido a reforzar al Estado como nunca antes y a empantanar y a destruir definitivamente lo que queda de ruralidad. 

El régimen de subvenciones y “ayudas” es un modo de envenenar la conciencia popular y destruir toda la oposición política que no sea meramente nominal valiéndose del dinero. Las subvenciones demuelen las buenas relaciones entre las personas.

Al encargarse el Estado de satisfacer las necesidades de las personas, se desincentivan las relaciones de afecto y ayuda mutua que dejan de hacerse colectivamente por servicio mutuo; lo que tiene como consecuencia una pérdida de auto-respeto. La PAC promueve, por lo tanto, la soledad (que está en la raíz de la actual epidemia de depresiones). Genera más abulia, más tristeza. Por ejemplo, son los ganaderos franceses los que tienen la tasa de suicidios más elevada de todos los colectivos profesionales.

No es casual que se haya disparado en toda Europa la tenencia de mascotas; el consumo de drogas; de antidepresivos; de psicofármacos; de sedantes; de somníferos; de analgésicos; o de ansiolíticos.

Cuanto mayor es el dinero que maneja el Estado más grande es la red clientelar que despliega en torno suyo. El clientelismo político que genera la Política Agraria Comunitaria (PAC) en lo que queda de sociedad rural es asombroso. Con el clientelismo se compran votos, se soborna a la gente, se avivan las ansias bajas, se compran voluntades, fidelidades, mentes y corazones. Se nos convierte en verdaderos prostitutos.

Una de las grandes propuestas del izquierdismo (ala radical del socialismo de Estado)[13] es crear una Renta Básica Agraria en la que el Estado español desarrolle todavía más el poder de disciplinamiento, de encuadramiento intenso, de chantaje efectivo, de dirigencia férrea o de eficaz monopolio de las decisiones u opiniones. Esto es una propuesta para hacer que el Estado sea un poco más liberticida aún si cabe. Que todos dependamos de él. La agroecología debe oponerse a esto, debe oponerse a un Estado todopoderoso. A la gente del campo ibérico que queda se la quiere hacer como a los indios americanos, los inuits canadienses o los samis suecos, darles una renta y que, hundidos en el alcohol, la depresión y el desarraigo terminen de extinguirse de una vez sin levantar mucho polvo o hacer mucho ruido.

Quien paga manda y quien manda tiende a enviciarse con esta labor. Quien obedece y es “protegido” se acostumbra cómodamente a ello con rapidez y se sumerge cada vez más en el hábito del servilismo. El servilismo es uno de los procesos más graves de deshumanización.

La actitud servil frente al poder es un abono idóneo para tiranías de todo tipo. La dependencia con el Estado termina llevando al olvido de la dignidad y a que se recrudezca las diferentes formas de esclavitud.

La PAC ha contribuido a ir creando lo que los sociólogos llaman una “sociedad granja”, donde las personas son tratadas sólo desde sus aspectos somáticos, fisiológicos, es decir, como ganado o como “animal laborans”. Con todo mi respeto y cariño hacia el ganado, no somos ganado. Tenemos otras necesidades aparte de las estrictamente materiales, y una es la libertad. Libertad política, civil y de conciencia, justo lo que un Estado, cada vez más poderoso, niega. Sin libertad se desata el desamor; y las capacidades del ser humano al no usarse, se atrofian. Además, lo que se da, sino hay libertad, se puede quitar.

Cuanto más intervenga el Estado en darnos cosas, en más necesario se convierte. La espiral creciente de dependencia que se genera con el Estado no puede tener ningún final bueno.

La sociedad granja del Estado dadivoso y asistencial debilita la comunidad, la familia, la amistad y todo tipo de vínculo interpersonal. La atomización social que genera refuerza el vínculo persona-Estado y degrada el vínculo persona-persona. Con pagar mis impuestos puedo desentenderme moralmente de los demás pues el Estado se encarga. En esta situación la envidia y el odio campa a sus anchas y la omnipresencia del Estado se hace extremadamente agobiante y lesiva. La degradación ética es el resultado de esta omnipresencia.

La PAC promueve una paz social de cementerio completamente inmoral pues este estatus quo es injusto y opresivo; y necesita una contestación rotunda. La PAC otorga una pátina de legitimidad a la explotación fiscal y abre la puerta a su recrudecimiento. Es incuestionable que siempre hay algún colectivo de trabajadores que soporta sobre sus espaldas el peso del expolio fiscal. Nunca son los ricos ni nunca lo serán, no nos engañemos más. Pedir más Estado es pedir más explotación de los trabajadores.

Sostener la PAC lleva a que el pueblo se vea sometido a un mayor  sobretrabajo y sobreesfuerzo del que ya padecen y que va incrementándose año tras año. Los alimentos no sólo se pagan cuando uno pasa por la caja en la tienda sino que se pagan también con todos los innumerables impuestos que se pagan, desde el IVA a las cuotas obligatorias que representan un expolio de nada menos que unos 8.000/10.000 euros al año de media por trabajador.

Pagar a los ejércitos de funcionarios que gestionan la PAC es cada día más oneroso y sólo juegan un papel puramente parasitario.

La PAC, al igual que la sanidad universal, entra dentro de lo que los economistas llaman “costes de legitimidad del Estado”; y los militares llaman control del “frente interior”. La PAC desde la óptica militar es un pilar fundamental pues debe buscarse a toda costa una simpatía mínima por parte de la población hacia la policía y el ejército, hacia las instituciones, pues de lo contrario en los momentos críticos no se consigue una eficacia suficiente en frenar la movilización social y se puede perder terreno frente a otros Estados o venirse todo el tinglado abajo.

La PAC no sólo genera legitimidad sino que provoca movimiento de dinero y estímulo del capitalismo que es la flor de invernadero que con tanto ahínco cuida y riega el Estado porque de ella se alimenta. Nadie se atrevería a decir que la PAC no estimula el capitalismo a lo grande. Sin negocios crecientes no hay impuestos crecientes. De esto es fácil deducir que el anticapitalismo pro-estatal es falso, como ya hemos dicho. El anticapitalismo verdadero sólo puede ser antiestatal y esto es una obviedad; se pongan como se pongan los que sueñan con un Estado contrario a su esencia y a su naturaleza. El Estado es un parásito terrible que crece y crece hasta que mata a su huésped o lo deja destrozado, véase todos los ejemplos históricos de esto hasta la fecha: son inumerables.

La PAC también se alimenta de una idea limosnera que desde lo ajeno aflora cierto sentimiento de culpa al ver la ruralidad agonizando. Son migajas, limosnas que nos lanzan para tratar de ocultar una histórica realidad de hegemonía y explotación de los sistemas urbanos sobre los sistemas productivos del sector primario. Dominio organizado con numerosos mecanismos. Uno de ellos es el control de precios a la baja de lo producido en el campo que realiza el poder urbano a través de la PAC.

Se necesita un “pienso” producido de bajo coste para las masas urbanas. Un pienso que mantenga la paz social y el estatus quo. Un pienso cada día más tóxico, monótono, insípido y pobre.

Otro efecto que produce la PAC en la sociedad es el siguiente: cualquiera que estudie un poco nuestro movimiento obrero descubrirá que se ha rechazado histórica y firmemente el llamado amarillismo sindical, esto es, sindicatos subvencionados por el Estado llenos de liberados que se acostumbran malsanamente a vivir a costa del trabajo ajeno y a mandar sin limites. Nuestros abuelos sabían, y así lo escribían y denunciaban sin parar a finales del XIX y en la primera mitad del XX (hasta que fueron asesinados en masa, encarcelados o enviados al exilio tras la guerra) que las subvenciones eran una forma de domesticar. Es obvio cómo estas “ayudas” producen una pérdida clarísima de combatividad y encauzan las luchas hacia la obediencia. El amarillismo sindical ha sido hasta los años 1979 algo ajeno a nuestra cultura obrera y campesina. La PAC es algo ajeno a nuestra cosmovisión profunda centrada en el amor a la libertad. La PAC es maquivelismo orientado a dominar y destruir la ruralidad.

Es ilustrativo reflexionar un momento sobre el subsidio a los trabajadores agrarios eventuales (conocido como PER, PFEA o AEPSA), que por cada cuarenta días o dos meses trabajados (según el lugar) el Estado te paga doce meses un subsidio en los que tienes prohibido compatibilizarlo con otro trabajo.

Lejísimos de mi intención es defender o exaltar aquí el trabajo asalariado, el latifundismo o el agrobussines que para sus fabulosos negocios, necesita como agua de mayo una cantidad de mano de obra ingente en momentos muy puntuales marcados por los ciclos agrícolas.

Este tipo de capitalismo agrario tan sostenido por el Estado ayuda a que los perceptores del PER sean líderes en horas de consumo televisivo (seis horas de media por persona y día), en obesidad, en tabaquismo, en diabetes, en violencia intrafamiliar, en aculturación, en depresión, en pérdida de autoestima, desarraigo y auto-odio. No digo que el causante directo de todo esto sea solamente el PER, pues tenemos libre albedrío, voluntad y somos seres dotados de responsabilidad, sino que es un ambiente idóneo para que la población se degrade física y moralmente.

Por otro lado, el dinero en manos del Estado es como ordeñar con una cántara agujereada, al llegar a casa queda muy poco de lo recogido. El aparato burocrático y financiero se chupa una cantidad enorme de dinero y lo que finalmente llega al pueblo es menos de un 30% de lo que se le quita por la fuerza. Su elefantiasis esclerótica es todo menos eficiente y justa. El Estado sólo ha demostrado ser eficientísimo en dos cosas: la propaganda y el control policial.

El apoyo social que recibe la Política Agraria Comunitaria o “por otra PAC[14]” implica que la situación en la que quedan los que deciden producir alimentos fuera del régimen de subsidios de la PAC sea una situación cada día más difícil puesto que se encuentra con un mercado de precios artificialmente bajos y se ven condenados a que sus proyectos sean inviables por que no se cubren los costes de producción y sus necesidades humanas.

Los agricultores o ganaderos que no se someten al Estado quedan a merced del dumping[15], así como los pueblos extranjeros que reciben las exportaciones subvencionadas.

Recordemos que en el caso de la ganadería, por poner un ejemplo, lo pequeño queda completamente fuera de la PAC (aunque insistimos la solución no sería subvencionar a estos pequeños con ¡otra PAC diferente!). ¡Queremos vivir de nuestro trabajo no de las subvenciones!

Estamos entrando en una crisis social enorme y el Estado se va a ver cada día más en dificultades para seguir financiando las subvenciones en general. La crisis del Estado de Bienestar y la incapacidad de financiarlo a largo plazo es una realidad. Para generar una economía resiliente a la crisis necesitamos una capacidad productiva libre de subvenciones. Por lo tanto la autoorganización, las redes de apoyo, la regeneración de la comunidad y la puesta en el centro de la mejora de los vínculos interpersonales es una necesidad acuciante.

Pedro Montserrat Recoder (1918-2017), botánico y ecólogo que siempre estudió y defendió el pastoreo y en concreto a los pastores del Pirineo, dejó escrito que

“no queda otro camino que la lucha por el pastoreo, si deseamos revitalizar nuestro Pirineo, evitando las subvenciones que tanto condicionan, que tanto esclavizan”.[16]

Lo que aquí quieremos transmitir sobre la PAC es lo que condensan las palabras de uno de los últimos pastores de los Picos de Europa llamado Nel Cañedo que se niega voluntariamente a recibir subvenciones del Estado: “mi madre no parió un esclavo”.[17]

 

4.-LA LIBERTAD POLÍTICA

La libertad política significa, entre otras cosas, que la normativa es realizada por la gente al servicio de la gente y no una normativa hecha por el Estado al servicio del Estado y su hijastro el Capital.

La soberanía política, cimiento necesario e ineludible de la soberanía alimentaria, significa, en otras palabras, libertad política. ¿Que debe reivindicar la agroecología pues? ¿A que debe aspirar? Al autogobierno por asambleas, donde éstas sean completamente soberanas. La libertad política, fundamento de la soberanía alimentaria, exige una descentralización completa de la toma de decisiones.

La libertad es, a su vez, incompatible con la concentración de la propiedad y la riqueza.

Por lo tanto, la agroecología debe posicionarse a favor de la recuperación de los concejos abiertos con plena soberanía, así como con la defensa y la recuperación de los comunales.

La agroecología debe emanciparse de la visión marxista y liberal de nuestra historia que observa nuestra ruralidad popular y tradicional solamente desde criterios economicistas, ignorando casi todo de la realidad acontecida. La parte del león de nuestros comunales fueron expropiados por el Estado a partir de 1855 por la Desamortización de Madoz. Duró hasta 1926 y fue el mayor desastre ecológico y social acaecido en nuestra ruralidad. Trajo pobreza/proletarización, despoblación, deforestación masiva, erosión, extinción masiva de especies silvestres y una concentración de propiedad en pocas manos con un incremento desmedido del poder del Estado y el Capital. Estos montes, tierras y bienes deben volver a ser propiedad del común de los vecinos y esto debe ser un criterio de la agroecología actual.

La agroecología debe, a su vez, posicionarse activamente a favor de la recuperación de la comunidad popular, vecinal y comarcal para que ésta vaya asumiendo el poder autónomo de creación de normas, leyes y reglamentos al servicio de los vecinos y no al servicio de la razón de Estado y su agrobussines.

La agroecología debe oponerse a la concepción de la sociedad que dejó por escrito Benito Mussolini, fundador del fascismo: “Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”[18]. El que el Estado sea el todo en el campo es un parámetro en el que no sólo se mueve el fascismo sino también los partidos políticos de izquierdas en bloque. ¿Acaso no busca la izquierda lo mismo que expresa Mussolini en la frase de arriba?

 

El concepto de Estado social es propio del bagaje cultural político alemán. Fue forjado por los funcionarios del canciller Bismarck para desarticular la autoorganización obrera alemana y sustituirla por un asistencialismo organizado desde arriba. Bismarck, generalísimo del Ejército alemán, buscaba dominar lo que se llama en polemología el frente interior, es decir conseguir que las clases populares se sintieran identificadas con las élites, las obedecieran y fueran a morir sumisamente por ellas. El nacionalsocialismo alemán terminó de popularizar el concepto de Estado social haciéndolo suyo. A pesar de ser un concepto nazi, hoy es usado profusamente por la extrema izquierda más radical, que busca al fin y al cabo, lo mismo que los nacionalsocialismo: un Estado todopoderoso.

Por esto y por mucho más la agroecología debe oponerse al reforzamiento, la omnipresencia y la intromisión del Estado en más y más ámbitos de la vida. La agroecología debe posicionarse contra este fascismo, tanto de derechas como de izquierdas. El argumento sanitario, medioambiental o securitario es usado sin contención y sin descanso -por la izquierda en particular- para regular, desde las sedes de los gobiernos y sus despachos delegados, la vida de las gentes que aún hoy trabajan y viven en la ruralidad. Esto provoca una falta de libertad hiperdestructiva en todos los niveles. Este hacer “bienintencionado” es generador nato de despoblación, abandono, desidia, depresión y muerte. Las políticas orientadas a una mayor estatalización sólo producen una mayor fascistización.

El jurista Santiago Araúz de Robles en su imprescindible libro “Los desiertos de la cultura, una crisis agraria” dice sobre las investigaciones que hizo sobre la ruralidad de la Comunidad de Villa y Tierra de Molina de Aragón, en 1979.

“La entrada del Estado en la sociedad rural cual enfermedad letal, tiene una gran importancia para comprender el por qué del despoblamiento del medio rural. Es algo más que el enfrentamiento de un sector económico con otro, del sector rural con los sectores industrial y de servicios: es, de alguna manera, la abdicación forzada de la sociedad ante el Estado.” […] “Hablando con un vecino me dijo que el régimen de concejo abierto  daba a cada vecino una sensación de protagonismo que él equiparaba a una sensación de felicidadLa felicidad sólo es posible cuando se tiene la impresión, cuanto más real, mejor, de que la vida que se vive es hechura propia y no imposición ajena. Dicho de otra manera, cuando se participa realmente o se puede participar en la configuración de esa circunstancia social que luego va a constituir el ámbito en que se mueve el propio yo. No es que sea condición suficiente, pero sí es condición inexcusable… No es retórica afirmar que cuando los pueblos dejaron de autogobernarse, porque empezaron a actuar con eficacia los cuerpos de funcionarios del Estado… los supuestos para la felicidad del grupo, las condiciones “políticas” de dicha felicidad desaparecieron en la realidad”.

Dice Araúz de Robles, por ejemplo, que la prohibición por parte del Estado de las llamadas “zofras” (acuerdos asamblearios para organizar una fiscalidad en especie basadas en obradas para ejecutar obras o prestar algún servicio de interés general del vecindario) empobrecieron sobremanera la vida rural en todos los sentidos. Habla de que fue la privatización del comunal por parte del Estado y la subida desbocada de impuestos lo que trajo la pobreza a la ruralidad.

El sistema asambleario tradicional de nuestra ruralidad se basó en el principio de que sólo la presencia activa, la responsabilidad personal y la intervención directa son democráticas, mientras que la representación no lo es. Nadie es más que nadie y por eso nadie puede ser representado y nadie está en condiciones de representar a nadie. En nuestra ruralidad se entendía que la representación negaba lo esencial de la libertad individual. Democracia y democracia directa eran sinónimos. En cambio la democracia representativa es una forma de dictadura, la dictadura de nuestros días.[19]

En definitiva, la agroecología debe contribuir a ser libres. No permitamos que l agroecología acabe como las Organizaciones No Gubernamentales que hoy son Organizaciones Sí Gubernamentales.

                    María Bueno González y Enrique Bardají Cruz, cabreros del Pirineo oscense.

                                                                   23 de Septiembre de 2020.

 

 

[1]Que repercute beneficiosamente en toda la sociedad.

[2]Conjunto de costumbres y normas que se consideran buenas. La moral es voluntaria, a diferencia del derecho que es coactivo.

[3]“Autoaniquilación. El hundimiento de las sociedades de la última modernidad” Félix R. Mora.

[4]    Lo cooperativo no debe entenderse como macrocooperativas o grandes corporaciones que actúan como lo peor de las empresas, sino como una apuesta de varias personas por una actividad común dentro de una escala razonable y donde hay autoorganización y democracia entre sus componentes.

[5] Aunque cada vez más la realidad exija que se vayan pagando ahora; pues ese mañana ya es hoy.

[6] Pongamos un ejemplo claro: si a una tierra la esquilmas, quitándole la fertilidad y los microorganismos naturales -que están integrados en el ciclo natural y se mantienen con prácticas respetuosas-; con el paso de los años vas a tener que invertir cada vez más en “restablecer” la tierra con abonos químicos de síntesis u otros sucedáneos si se quiere hacer posible las cosechas que se plantearon en un principio. En la práctica esas tierras se acaban abandonando porque quedan literalmente muertas.

Como muestra de lo dicho tenemos la producción de tomates que se hizo en el sur de la Isla de Gran Canaria y que ahora constituye un triste espectáculo desértico de tierra seca y tóxica. Analizar también la desecación de ¡todo un mar! por el monocultivo de algodón (Mar de Aral); o no olvidar la deforestación masiva de la isla Borneo por el aceite de palma; o la soja argentina que consumen las vacas europeas...

[7]Ironía del “libre mercado” que es todo menos libre, sólo hay que observar la prohibición genralizada de la venta ambulante o la persecución de la llamada “economía sumergida”.

[8]Autoaniquilamiento. El hundimiento de las sociedades de la última modernidad” F. Rodrigo Mora.

[9] Pongamos un ejemplo de lo que es considerado en nuestro país un atentado casi terrorista a la Salud Pública, a la Hacienda, a la Seguridad Social, al impuesto municipal, y a otra infinidad de entidades gubernamentales (más de las que uno pueda siquiera imaginar): hacer una tarta en tu casa y venderla en un mercadillo como sucede en algunos países. En este sentido la llamada economía sumergida salva a muchísimas personas de la pobreza, la depresión, los subsidios, la esclavitud... pero es perseguida con un furor policial inaudito. Persecución policial especialmente jaleada por el partido izquierdista Podemos (¡dejemos de ignorar la realidad de una vez!).

[10] Un ejemplo fue la promoción civil de los tractores, los pesticidas y los fertilizantes químicos por parte del Estado franquista (el famoso Servicio de Extensión Agraria) para facilitar la fabricación de tanques, bombas (como por ejemplo el nitrato de amonio), y armas químicas.

[11]El papel del ser humano tenía en estos espacios mucha preponderancia en el mantenimiento del ecosistema.

[12]El significado estricto de comunal implica que se tiene voz y voto en su gestión. Tienen voz y voto los vecinos del término municipal donde se encuentre ese comunal.

[13]https://www.elsaltodiario.com/agroecologia/una-revolucion-rural o https://www.elperiodico.com/es/opinion/20160615/una-renta-basica-agraria-5207342

[14]Por otra PAC es una coalición formada por, entre otros: WWF, Greenpeace, Ecologistas en Acción o Madrid Agroecológico.

[15]Vender por debajo del precio normal o por debajo del precio de coste destruyendo a la competencia y expulsándolos del mercado.

[16]La cultura que hace al paisaje” Pedro Montserrat Recoder.

[17]  Las andanzas de Nel Cañedo en su lucha contra la legislación aplastante y ecofascista del Parque Nacional y contra sus ejércitos de funcionarios son algo digno de observar en sus múltiples vídeos de youtube.

https://www.lne.es/multimedia/videos/asturias/2019-10-30-187458-magistral-discurso-ganadero-youtuber-caedo-sobre-animalismo-mundo-rural.html

[18]Discurso de la Ascensión, 26 de Mayo de 1927.

[19]“Investigaciones sobre la II República” F. Rodrigo Mora.

 

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Visto 406 veces Modificado por última vez en Viernes, 25 September 2020 18:30
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